La poesía convoca nuevamente y esta vez tiene alas para su encantamiento.
La autora de esta revelación es Norma Segades de Manias. Con absoluta precisión nadie puede definir a la poesía en sí misma, colocarle rótulos y emitir juicios acabados, podemos gustar o no de ella; alegrarnos, conmovernos y enaltecerla. Cuando algo así nos sucede, estamos frente a un hecho creativo que, como tal, merece nuestro mayor respeto y complacencia.
Norma ha iniciado para todos esta aventura, y si digo para todos es porque la ofrece desde lo más íntimo, desde lo más profundo de su ser. Entonces notamos que su palabra brota, se derrama y nos alcanza. Ha dicho el gran escritor Eduardo Mallea: “la vida se cansa un día de ser río. Cuando la vida se cansa de ser río es cuando siente que su destino es ser mas. Cuando siente que su destino es el mar, ya nada lo puede detener.”
Destino inexorable es perfilarnos en la vida con la palabra, con su magia y su duende amigo. Sí, acaso también un destino solitario pero conmovido por las voces interiores. La poesía es una gran voz interior. La que guarda de manera atenta las distintas manifestaciones del mundo.
En este poemario, hay pájaros que tienen “absurdos calendarios” y “patéticos demonios”, entonces es cuando los habita la locura y son los pájaros perdidos. Con todo el silencio, con la seguridad de un futuro que no ha de llegar, por lo menos en armonía. Por eso, esta poesía que sobre los pájaros afirma la humana condición de todos, es revelación y compromiso. Su fina línea lírica-poética no decae ante los términos de rigor en su lenguaje expresivo; son en cada estrofa revalorización del sentimiento.
La afluencia del verso predomina en este envío, una riqueza de caudal que desgrana figuras e imágenes, respetando el ritmo y la musicalidad interioridad de cada proyección poética, musicalizado interiormente por imágenes fuertemente líricas. Con una lectura de sostenida cadencia, sin tan grata referencia visual en algunos casos “el pichón vive ríos de tinieblas / desovilla las fiebres / en el ácido aroma del andrajo / orina el desamparo / sobre el río agrietado de la piedra.”
Pero esto no molesta al discurso de la poesía en su expresión estética, ya que reafirma y refuerza la idea primera en un vocabulario por lo demás correcto.
En este caso la poesía es una puerta abierta a la conciencia de los hombres, al despertar de sus silencios por los hechos de una realidad inevitable. Que por otro lado son la consistencia de nuestros actos y rituales cotidianos.
Nuestra poeta expresa este su canto de manera solidaria. La vida a través de las aves se plasma en un mundo mágico literariamente, pero con los ribetes de una humana culpa. La propia realidad en ojos semejantes, en manos desprotegidas, en ausencias tremendas, en impedimentos que sin embargo: “anuncian la frescura del ladrillo / y asombran a los grises portafolios / con la fuerza del canto.”
Norma Segades tiene su propio canto, que no es ajeno a la desventura, al cruel desencanto del hombre, a sus escasos reinos, y es además cómplice de cada vuelo de una criatura necesitada. Cada SER-PÁJARO es denuncia, expuesta herida, rigurosa orfandad, apretado rencor y silencio sin voz.
Y lo modula de esta manera en su poesía: “el gorrión callejero / nacido en los portales de la lágrima / heredero del hambre y del desprecio / ha extendido sus manos andrajosas / para sembrar mi falda / con el rostro vencido del hebreo.”
Tanto es así esta memoria poética, memoria de la palabra y su paisaje propio.
Posiblemente revelación y certeza: “Canto su desamparo de soledad raída / mientras crecen, / en medio de mi sangre, / tus manos sin orillas.”
Esta es la voz que nace para todos y para ser compartida. Enhorabuena este premio que, por primera vez, recae en un escritor santafesino.
Estrella Quinteros.